De cómo comenzó todo…

Los últimos 16 años de mi trayectoria profesional han transcurrido en una Promotora Inmobiliaria en la que he desarrollado diferentes actividades propias de la empresa y entre ellas, de forma temporal, la de comercial inmobiliario.

Esta actividad me ha llevado a realizar numerosas búsquedas en los diferentes portales inmobiliarios, así como a entrar y conocer viviendas de lujo, de no tanto lujo, viviendas a estrenar, de segunda o tercera mano, vacías, habitadas y en definitiva, de todo tipo y condición.

En los inicios de mi corta etapa como comercial inmobiliario y al no tener ninguna experiencia, recuerdo que mis primeras citas fueron algo “extrañas” -por llamarlas de alguna forma- Acudía cargada de papeles con la descripción de la vivienda -por si se me olvidaba algún detalle-, confirmación de visita para los propietarios, confirmación de visita para los compradores, modelos de check-in, hojas de encargo, una Tablet para poder mostrar otras opciones, mi bolso, mis tarjetas de visita, las llaves de la vivienda a mostrar, las llaves de otras viviendas, las llaves de mi coche, que desastre!

Tras esas primeras y memorables visitas, tomé la iniciativa de ir cambiando mi forma de acompañar a los posibles compradores o inquilinos. En primer lugar, me liberé de tanto papel enviando toda la documentación vía mail, desterré la Tablet durante las visitas, organicé el tema de las llaves, me tomaba mi tiempo para estudiar las características del inmueble y por fin, con el tiempo, logré recibir a los clientes con las llaves de la vivienda y mi tarjeta de visita en la mano izquierda y la derecha preparada para un apretón de manos.

Cuando hube auto-corregido la forma de llevar a cabo mi labor comercial, comencé a darme cuenta de que si en mi trabajo no contaba con la colaboración del propietario, la visita no resultaba positiva. Podía acudir a una cita con toda la información actualizada y aprendida, derrochando amabilidad, interés y comprensión hacia las necesidades de mis clientes, señalando los puntos fuertes de la vivienda, aceptando retrasos y plantones, pero…mi esfuerzo no servía para nada en aquellos momentos en los que había que mostrar las camas sin hacer, la vajilla sucia en el fregadero, toallas usadas en los baños, mascotas acosadoras de clientes, niños que gritaban, olores inidentificables, decoraciones “demasiado personales” y el televisor enmarcando a Belén Esteban? Mi trabajo se iba al traste y el cliente perdía el interés. ¿Por qué? Pues porque era incapaz de imaginarse en aquella vivienda, no podía verla como su futuro hogar y por tanto desde el minuto uno, había decidido que no le gustaba.

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Cuando un cliente visita a la carrera una casa de más de 200m2, cuando le preguntas si quiere visitar las zonas comunes y dice que no importa, cuando se pone a hablar con el propietario sobre cualquier otro tema que no sea la vivienda o cuando de repente, le entran las prisas porque le esperan en otro lugar, ALGO VA MAL.

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Entonces comencé a enviar a todos los propietarios una lista de “recomendaciones” sobre cómo debían preparar su casa para una visita exitosa. Y los consejos comenzaron a dar sus frutos. Las visitas se sentían cómodas y las mismas viviendas que semanas antes no despertaron ningún interés, ahora atraían más.

Fue en esa época cuando tuve la suerte de asistir a una charla organizada por Idealista. Allí oí por primera vez el concepto Home Staging. Esta técnica de marketing nacida en Estados Unidos durante los años 70 de la mano de Barbara Schawrz y que poco a poco hemos ido entendiendo, importando y aplicando en Europa. Esta práctica despertó mi interés hasta llegar a comprender que se trata de una herramienta imprescindible en el mundo inmobiliario. Comencé a investigar e informarme sobre el Home Staging leyendo textos y publicaciones, sobre todo de otros Home Stagers. Tras llevar a cabo el curso impartido por Caroline Jurgens y Barbara Dircksens de Lúmina Home Staging, di forma a mi propio proyecto al que he llamado Vitae Projects.

Debería haberlo sospechado cada vez sentía esos impulsos incontrolables por cambiar los muebles de lugar buscando mejorar la imagen de mi hogar, o cuando, sin posibilidad de mover los muebles, he cambiado por completo los complementos de decoración o los he redistribuido para lograr la mejor composición. Ahora disfruto potenciando la imagen de las viviendas de mis clientes y ayudándoles a vender o alquilar sin tener que bajar el precio y en el menor espacio de tiempo posible

Nunca se sabe cuándo puede uno encontrar su verdadera vocación.

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